-HOMENAJE A LA RESILIENCIA, A LA FAMILIA, A LOS SUEÑOS-

En nuestros recorridos por diferentes lugares de la hermosa tierra cañari, es natural que nos encontremos con personas cuyas historias de vida merecen atención, ya por su singularidad, ya y sobre todo, porque son un referente del esfuerzo y sacrificio que han debido realizar para salir adelante en su diario vivir, hasta constituirse en verdaderas historias que merecen contarse.

Preparación para la vida

Este es el caso de la Ingeniera Alexandra Maricela Narváez Serpa. Estudió en la escuela Dr. Luis Roberto Chacón, en el Instituto Andrés F. Córdova, y en la Universidad Católica de Cuenca-Extensión Cañar, donde obtuvo el título de Ingeniera en Contabilidad y Auditoría.

Orgullosa reconoce y refiere que proviene de un hogar humilde, donde sus padres Luis Narváez y Norma Serpa, siempre le inculcaron lo importante que es en la vida la humildad, el respeto y el trabajo honrado.

Un noble propósito vital

Alexandra Narváez es madre de dos hermosas niñas, Valentina y Guadalupe, quienes padecen la discapacidad de la Parálisis Cerebral Infantil; sin embargo, comenta con convicción y sabiduría: “la vida me enseñó que los caminos profesionales a veces se postergan para atender los más nobles propósitos”; pues así es, aunque tiene su profesión, no la ha podido ejercer, porque supo y entendió que nadie más que ella debía dedicarse al cuidado de las niñas, pues ellas pasan en constantes terapias y consultas médicas para lograr tener una mejor calidad de vida.

Una gran misión

Recalca que tal decisión en su vida nunca puede ser considerado un sacrificio, y más bien se convirtió en la misión más grande de su vida. Que ellas son quienes le dan sentido a la misma, son su orgullo, fortaleza y su mayor logro personal, pues cada día ve importantes avances, disfruta de sus sonrisas, y sus pequeños-grandes triunfos, llenan de luz cada uno de sus días.

Para Alexandra Narváez este camino no ha sido fácil, recuerda que la etapa más difícil fue aceptar el diagnóstico del médico, de que son niñas especiales. Recuerda también que hubo muchas lágrimas, incertidumbre y miedo, pero con el tiempo descubrió que el amor de madre es capaz de transformar el dolor en fuerza, y la tristeza en esperanza.

Un singular mensaje

Su mensaje para quienes estén atravesando parecidas circunstancias, es que  a ella todo este proceso que vive, le ha enseñado a valorar cada momento y a luchar con más ganas por un futuro digno para sus dos preciosas hijas.

Confiesa ser una persona humilde, sencilla y de corazón noble, que no se rinde ante las adversidades que se presentan en la vida. Su historia de vida no es solo un testimonio personal, sino también un mensaje para otras familias, los desafíos pueden ser duros, pero también pueden convertirse en motores de vida. Cada paso que da está impulsado por el amor y entrega a sus amadas hijas, y por la esperanza de que a través de ellas, su esfuerzo deje huella. Está convencida que su vida al final es un homenaje a la resiliencia, a la familia, y a los sueños, aunque se posterguen, nunca se apagan, está segura que con la bendición de Dios y con el apoyo incondicional de sus padres, juntas, de la mano saldrán adelante. (JGM) (I)

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